29 de diciembre de 2008

La ñoñez, caray

Extrañé este blog. Las pocas boberías que escribo cada veinticinco mil días... las extrañé. Mañana me voy a Tepoztlán un par de días. Pretendo reflexionar sobre el año, hacer lista de propósitos y demás cursilerías propias de la época y que a mí tanto me gustan. Ñoñeces. Y qué. Me gustan, me caen bien. Soy ñoña, aunque eso no me define. Me gusta pensar que el próximo año será diferente, mejor. Que seré una mejor persona y que al final entenderé un poco más el complejo marasmo que nos rodea. Me gusta pensar que la pintura me llevará a algún lado, que la vida de pronto tendrá momentos llenos de sentido, que no me ahogaré en pequeñeces y cotidianeidades (como hasta ahora ocurre a veces)... Que conoceré a más personas interesantes, que aprenderé, y que volveré a enamorarme. Ñoñeces. A veces me siento rara estando con gente. Me siento inútil y con la cabeza llena de pajaritos (aunque en el fondo yo crea que está llena de oro). A veces me asombran las personas que hablan con certeza, las personas que están seguras de lo que están seguras, aquellos que han pensado y repensado algo y han dado en algún clavo. A veces también me desesperan los que, por el contrario, pareciera que tienen un mundo tan pequeño que cualquiera en la sala puede ver sus límites menos ellos. Los que hablan y hablan y hablan y realmente no se preguntan nada. Algunos incluso dan por sentado que las cosas son como ellos las ven y las viven. Me desesperan y me asombran también. Y yo sé que, a veces, yo también soy así. Pero en este momento no, ahora estoy a la mitad de algo. Tengo certezas, aunque no pensadas y repensadas, sino sentidas e intuidas y bastante sencillas. Hay también certezas contradictorias, de todo ámbito, que no me he preocupado por darles coherencia. Pero fuera de esas certezas todo es confuso, y la confusión es la que reina. El exterior se presenta inaccesible, gigantesco, lejano e incomprensible. Una vez soñé que yo era un barco de madera. O más bien una lanchita pequeña, y estaba dándome de golpes contra una valla de madera en medio del mar. El océano inmenso, con sus olas y su movimiento, y esta lanchita perdida golpeándose contra un pedacito de valla a la mitad de la nada. Fue un sueño más bien triste. Lancha incapaz de rodear la vallita y de perderse en el mar... Todo irá bien mientras tenga un motivo para seguir empujando, creo. Mientras haya ganas y energía. Espero que el próximo año mi motivo siga siendo la pintura. Ése es mi propósito más querido. Ñoña. Y qué.

19 de diciembre de 2008

Noches de paz y de amor

Obligado es, antes de partir de viaje, dejarles una pequeña imagen de saludo y que contenga buenos deseos.
De modo que me voy, estaré ausente hasta el día 28 más o menos. Roguemos que pueda cumplir el guadalupe-reyes. Hasta ahora, voy puntual. Abrazos a todos y, sí, feliz navidad...

14 de diciembre de 2008

Sobre la Navidad

No tengo cocina. Hace poco más de 2 años nos mudamos a esta casa y decidimos que la cocina tendría que cambiarse algún día; un año y medio después comenzamos a conversar al respecto y a idear una nueva cocina. Hace 3 meses contactamos a una arquitecta y negociamos los cambios a la casa, tiempos y precios. Y el jueves pasado llegó el primer albañil, a quitar todos los muebles de la vieja cocina y a romper el piso. Tendré dónde cocinar y comer para aproximadamente la segunda semana de enero. Mientras tanto, se debe tener reservas de agua y pan en el dormitorio por si ataca el hambre, y el resto de las comidas son de prestado. Como en la zona de construcción se encuentra también el calentador, nos hemos quedado sin agua caliente... Me estoy bañando cada dos días en casas de amigos diversos. Pero basta de intimidades. En mi trabajo ha corrido el rumor de que en diciembre recibiremos el pago correspondiente y después, hasta marzo o abril del próximo año. Así que la crisis comienza a arreciar. Ya no se puede ni invitar un café. Tampoco estoy pintando mucho... mi carpintero me debe bastidores y no tengo dónde trabajar. Me gusta navidad porque es un alto: se pasa la página a un nuevo año. Y esto se siente en la práctica porque ya ahora, a apenas 14 de diciembre debo dejar de hacer planes para iniciar trabajos, salir con amigos e iniciar cualquier proyecto personal, académico, profesional o de cualquier índole. Queda una semana para el inicio oficial de vacaciones, y es una semana llena de actividades para todo el mundo, así que cualquier cosa se aplaza hasta las primeras semanas de enero. Creo que sólo así no me siento obligada a hacer. Y en mi mente verdaderamente me preparo para un descanso de algunas semanas. Descanso de mi constante necesidad de planear y hacer y esperar resultados. No sé si sea así para todos... pero a mí me gusta este alto obligado. El otro día, en el baño del consultorio de mi doctora, tomé esta foto para subirla al blog: No sé quién haya diseñado este letrero, pero probablemente tenía poco contacto con las toallas femeninas. No sé qué es lo que la mano está arrojando, pero eso no es una toalla sanitaria... Por otro lado, en la Cantina La Faena, que conoce quien asistió a mi cumpleaños no. 24, los azulejos de la entrada te reciben con frases populares que te hacen reflexionar. Las comparto ahora con ustedes:
Quiero resaltar de manera especial la gran verdad que contiene el siguiente dicho. La pura sabiduría popular:
Haliburton, quien sea que fuera, conocía sobre la vida y la naturaleza de las mujeres...
Y mi favorita:
Finalmente, subo la prometida foto del arbolito navideño que adorna las oficinas administrativas de la ENAP. Siempre en una escuela de artes se aprecia la creatividad:
(Nótese los clips que sostienen las esferas, y apréciese la ironía en mi comentario).
Feliz Navidad. Y mejor año nuevo...

12 de diciembre de 2008

12 horas de vuelo: expo en Irrigación 104

Estimado lector:
Tengo el agrado de invitarlo a la primera expo-venta de arte que se llevará a cabo los días sábado 13 y domingo 14 de diciembre en Irrigación 104. Para su agrado y comodidad, puede ver algunas de las piezas que estarán a la venta, a precios muy accesibles:
Pieza gráfica de José Porras.
Pintura de Liliana Ang.
Pintura de Liliana Ang.
Gráfica de Laura Chenillo
Gráfica de Diego Narváez
Gráfica de Roberto García-Hernández.
Gráfica de Roberto García-Hernández.
Serie de dibujos de Mauricio Carlos.
Dibujo de Mauricio Carlos.
Pintura de Silvia Andrade. Tendremos en exclusiva obras de reconocidos talentos jóvenes, que van desde las cajas de Mauricio Carlos (cuyos precios están entre los $50 y los $200 pesos), hasta las más tradicionales disciplinas de pintura, gráfica y fotografía.
Avisen a amigos y familiares, y no olviden llevar su cartera, pues pueden encontrarse justo la pieza que estaban buscando para un muy especial regalo navideño.
Los esperamos este sábado y el domingo, de las 12:00 a las 20:00, en Irrigación no. 104, colonia Irrigación.

29 de noviembre de 2008

Clips

Quería subir unas fotos. Este blog no me deja. Será suficiente platicar que en el árbol navideño de las oficinas de la ENAP, las esferas están colgadas con un clip. (Nota mental: subir la foto pronto).

23 de noviembre de 2008

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Empezaré por el principio. Estoy triste, y estoy siendo honesta. O. y yo terminamos. Aparento estar bien, pero en realidad me duele mucho. Y yo sé que estaré bien, pero estoy lastimada. Esta vez yo no quería que fuera así. Nunca se entiende nada cuando acaba de ocurrir. Sólo se siente el crash.
Mi abuelo murió el lunes. Sin angustia aparente, sólo dejó de respirar. Murió irremediablemente. En mí quedan los dos sucesos extrañamente unidos en una voluta triste y un poco macabra.
Ojalá mañana me despierte temprano y sea lunes.

21 de noviembre de 2008

¿Quién quiere una vacuna que le cambie la vida?

Milena ya se mudó. Ya tiene luz, gas y muebles, y desde hace dos semanas duerme feliz bajo un techo distinto, suyo, elegido al fin. Y lindo, además. Yo tengo tantas cosas que contar en estas dos semanas, que no me bastará con un posteo. Contaré una aventura por post. Viernes 7 de noviembre: Tras varios meses de no respirar bien, con una especie de gripa discontinua pero presente siempre, decidí finalmente ir a la otorrina. Sorpresa: soy alérgica. ¿Qué se puede hacer en esos casos, doctora? El tratamiento es el siguiente, se hace un examen de alergenos para ver a qué resultas alérgica, y con base en los resultados se te hace una vacuna personalizada, después viene una aplicación semanal de la vacuna, durante un año. Yo pienso: ok, no lo creo, eso no ocurrirá nunca. Pero antes de poder agradecerle su atención y pedirle un medicamento cualquiera para poder respirar aunque sea durante una semana, se me adelanta: Pero ser alérgico involucra más que sólo estornudar cada rato, no respirar bien afecta cada esfera de tu vida. Por ejemplo, como tu cerebro no se está oxigenando lo suficiente, por las noches no descansas, por lo que probablemente siempre estás cansada y no tienes ganas de ir a ningún lado... (ante este comentario abro los ojos y las orejas... cierto...) Por ende, como siempre estás cansada, seguro siempre estás de mal humor... a los alérgicos se los reconoce fácilmente porque tienen un caracter terrible, difícil de soportar para quienes los rodean (ahí sí ya no dudo, este speech se dirige a mí... claro, digo yo boquiabierta, ahora entiendo muchas cosas...) Pero esto no es todo: una alergia es una intoxicación del organismo ante cualquier sustancia, cuando estás intoxicada permanentemente, tus defensas están bajas y todo te afecta más. Generalmente síntomas como éstos: cansancio, defensas bajas, malhumor, se asocian con el estrés; probablemente tu llevas un tiempo creyendo que tienes problemas de estrés y resulta que en realidad se trata de una sencilla alergia que se quita fácilmente con una vacuna... Ahí si me compró. No es necesario que diga más, le dije yo muy segura, quiero hacerme el examen ese y la vacuna semanal y empezar ahora mismo. La doctora sonriendo me dijo, no te arrepentirás, ya verás, esto te cambiará la vida... Qué lujo. Poder comprar una vacuna y cambiar así de fácil de vida... jajaja. Mis respetos para la doctora y su veta de vendedora. En cinco minutos me convenció. Ya me hizo el examen y ayer fue mi primera aplicación de la vacuna. Esto del cambio de vida no es tan inmediato como me lo prometió... pero en fin, si me voy a inyectar durante un año, bien puedo darle de plazo un par de meses para empezar a cambiar de carácter...

3 de noviembre de 2008

Milena se sube a un camión de mudanza

El próximo sábado. Quien quiera venir, invitadísimo (partiremos de Danubio a las 2 de la tarde por ahí, con destino a la Roma). Será una mudanza rápida, limpia y feliz. Sobre todo para Milenito, que entre el contrato de la luz y la búsqueda desaforada de una estufa barata no para. Por cierto, quien sepa de alguna, avísenos, no?
Y el domingo por la mañana, en equipo explorador junto con el Bicho, iremos a la Lagunilla. Entre muebles y ropa pasaremos toda la mañana. También, ¿alguien se apunta?

Que empiece el próximo año. Este ya dio de sí.

Prendo mi último cigarro del día (no les diré que número es, porque hace mucho que rebasé los dos cigarros diarios que tanto trabajo, sudor y kilos me costó alcanzar)... y me dispongo a hacer una entrada amena, sencilla y agradablemente ilustrada por múltiples fotografías que me tomaron varias horas conectada para poder subirlas. En fin, viernes pasado, 11 de la mañana. Llego a la ENAP un poco tarde y aún así medio dormida y ma encuentro con una sorpresa sorpresa: la curva (amplio patio con pastito, para quienes no conocen la ENAP, que obtiene su nombre por la forma de la pared que lo rodea) llena de estudiantes dibujantes, y en el centro de la multitud, dos modelos desnudos con caballos. Sí sí, caballos... ¿Qué demonios...?
No había más que hacer. Reírse un rato y sentarse como tonto a dibujar así, en lo colectivo. No sé a qué maestro (de diseño, seguro...) se le ocurrió tan folcórica idea, pero fue eso, folclor puro, en una mañana cualquiera, en esta escuelita.
Poniendo punto y aparte, les comparto, por vez primera y no prometo que sea la última, algunos de los trabajos de mis alumnitos a quienes puse a realizar figuras de papel maché con el tema del día de muertos. Creí que sería buena idea explorar con materiales y el modelado y demás, pero resultó al final un proyecto tan apresurado, que quedaron sencillamente adornos para la ofrenda que se puso en el centro dif. Sin embargo, y a pesar de tan triste expectativa, me llenaron de ternura sus figuras de brujas, calabazas y demonios. Ya quisiera a veces tener su soltura y su simpleza para este tipo de proyectos.
Este fin de semana pasado, después de (once again, yeah) malentendidos con O., me fui a casa de Carlos a pasar el fin de semana. Esto de malvibrarse con el chico se está volviendo común y me está malvibrando más de lo que me gustaría. Ustedes no están para saberlo ni yo para contarlo -pero lo haré anyways-: después de una larga conversación sobre lo poco que nos vemos, lo mucho que O. trabaja y cómo una pareja necesita tiempo para ser pareja (aunque suene ñora, lo siento, tal vez en el fondo sí soy ñora), habíamos decidido irnos de viaje juntos -uy, romance- para celebrar un año, este fin de semana. Y pácatelas, que O. sale con que tiene que trabajar el sábado. Aunque me ofrecía irnos de sábado en la tarde a domingo, yo me desmoroné un poquito por dentro. Me negué, me confundí, me sentí sola, me fui con Carlos, que también se siente negado, confundido y solo. Tal para cual, as always. Viernes 31 de octubre. Tantos años en los que preparé fiesta tras fiesta de disfraces, con premio, sin cover, con largas listas de invitados, en cantinas, en casas. Ahora me tocó pasar la noche con mi querido, solos y borrachos, escuchando el desfile interminable de ¿me da mi calaverita? y los timbrazos interrumpiendo cada 10 minutos. It was fun, actually.
Un buen fin de semana, tranquilo. Dos películas: una cursi y la otra extraña. El piano, que yo no había visto porque cuando salió recuerdo que yo era demasiado pequeña, y que fue conversación de más de una sobremesa cómo no era una película para niños y eso que había actuado una niña, cómo era posible... Lloré y todo, mientras Carlos junto a mí con la laptop en las rodillas, se burlaba toda la película. Como se negó a verla (aunque estaba junto a mí), yo se la tenía que ir platicando. Parecíamos marido y mujer viendo la telenovela. Yo cada rato: uy, no, ya la vio el marido... ay no, cómo es posible, la pobre hija... uy, no, qué terrible lo que acaba de pasar, mira... En fin. La otra es digna también de mención por ser la película más extraña que he visto en un buen rato (y eso que ya vi la última de los Cohen, qué maravilla). Death Proof, de Tarantino. Pinche película rara... pero no puedo evitarlo, las películas de coches me prenden. Las canciones del soundtrack se me han quedado pegadas lo que va de la semana.
Esta última foto es algo de lo que estoy trabajando actualmente. Pongo una foto de la pintura como va, a la mitad, para mostrar que, como en otros terrenos, también ahí ando buscando no sé qué, confundida pero necia. Como la mudita del piano. Es mi taller, es mi lugar. Un autorretrato grande. Ya le traía ganas.
Noviembre, 2008.
Los últimos meses del año me ponen un poco de malas.

23 de octubre de 2008

Sobre el estrés... todavía

Un ejemplo del día de hoy. Para acompañar nuestro café, E. y yo entramos a una panadería cercana a mi casa. Yo elijo una dona de chocolate. E. elige un panecillo relleno... ¿Relleno de qué?, no sabemos, el letrerito no dice. Hay que preguntarle a la señorita, propongo. E. me responde: o mejor no y que sea sorpresa. La miro con una cara de pánico auténtico por un instante. De pronto me doy cuenta de que si fuera yo sola (cuando he ido yo sola) jamás se me ocurriría, por nada del mundo, elegir un pan cuyo relleno ignoro. Pánico ante la idea. Y, después, a solas, me pregunto con tristeza: ¿De qué puede estar relleno un pan? ¿Cuál es la peor posibilidad de relleno? ¿Hay alguna que resulte en verdad aterradora?

19 de octubre de 2008

Domingo 10 pm, no hay mejor momento para postear

El fin de semana pasado resultó extrañísimo y casi casi neurótico con un viernes electrificado, una reunión sin alcohol el sábado, una cortada que sangró profusamente el domingo y un inicio de semana con los ojos hinchados por una súper infección que aprovechó las bajas defensas causadas por el estrés. Después de tan escandaloso despliegue de señales, capté la indirecta de que algo no va bien en esta vida que yo llamo mía. El conjunto de actividades rutinarias comienza a hacer mella en mis defensas y en mi mente. Olvidé decirlo, viernes y domingo adornados por tristes peleas con O. The same argument, con dos días de diferencia. Sad. Así que decidí decir "Alto" y tomar cartas en el asunto. Primero, hablé con mi tutora (can't find a better word) del Seminario de Pintura que estoy tomando. Le platiqué el papel, cada vez más importante, que está jugando el estrés en mi vida. Fue tanto para avisarle que relajaría mi esquema de trabajo un poco como para pedirle consejo personal. Su visión, más sabia y experimentada que la mía, me fue de ayuda. La edad, China. Salir de la carrera, querer tenerlo todo ya: el trabajo, la independencia, la madurez en las relaciones, la seguridad... brief, la adultez. Y eso, China, no se consigue de un semestre a otro. Resultado: no me había dado cuenta de que no por salir de la carrera automáticamente deja uno de lado la pendejez post-post-adolescente (¿debería acaso añadirle otro post-?)... Así que me eché para atrás, crucé los brazos y respiré bien hondo... esta semana. Unas vacaciones mentales (no puedo hacer unas reales, porque sí tengo trabajo, seminario y diversas obligaciones que atender) para alejarme de todo, bajarle el volumen a mi chillona voz interior de exigencia y comenzar, de nuevo, a cantar a todo pulmón en el coche y en el baño. Wow. Me cayó increíble. Casi como un nuevo comenzar. El lunes, como de secundaria, a casa de una amiga a platicar de tonterías y beber cerveza (que, por cierto, no me causó molestia gastrítica alguna). Martes, miércoles y jueves me dediqué a mis labores cotidianas sonriendo con la tranquilidad de tener vacaciones mentales. El viernes vi a un amigo que quiero mucho y con el que hacía mucho no platicaba. Y el sábado fue el mejor: gran reconciliación con O., besos, apapachos y películas malas de por medio. Jóvenes, aprendamos de lo vivido. No por acercarse peligrosamente a los treinta debe uno sentirse en la obligación de tomarse la vida en serio. No hay nada serio aquí ni del otro lado. Sonrían, canten mucho y gástense el dinero que ganan (si es que tienen ya la desgracia de ganar dinero)... Un beso y hasta pronto.

11 de octubre de 2008

Not much

Sábado 8:50 pm. Los días no han dejado de ser extraños. Ayer viernes el aire se revelaba cargado de emociones. Esos días de tensión perceptible, de pensamientos casi eléctricos, cuyo origen se desconoce. Días en los que -no sé si les pase, o si conozcan a alguien a quien le pase- cualquier cosa desencadena el llanto. And I really mean cualquier cosa. Ah, sí, lo olvidaba, estoy en mis días, eso también creo que cuenta. Pero no creo que sea el único factor. Ayer más de uno tenía los nervios de punta. Hoy tengo una pequeña reunión, que sabe más a junta de trabajo, no sé por qué, en mi casa. Vendrá la gente de mi taller. A ver qué resulta (tengo ya el agua caliente para los tés, el refri vacío de cerveza...) Me voy.

5 de octubre de 2008

De pajaritos, comuniones y cerrajeros

Largo y extraño día. Se presta para fumarme un cigarro mientras lo escribo con calma, reviviéndolo. Dudo porque ya me lavé los dientes y me puse la piyama, y tengo como regla particular no fumar con la piyama puesta. A veces me lleno sin darme cuenta de reglas tácitas, molestas e inservibles. Rígidas e insalvables... Voy a fumarme un cigarro, hoy estoy harta de reglas. Listo. Inhalo y me lleno de humo. Me levanté a las 7:05 y llegué dando tumbos al baño. Me tomó unos minutos darme cuenta de que la reunión de anoche y las tres cervezas había dejado más rastros en mí que de costumbre, pero creí que con un baño desaparecerían los efectos del alcohol. Lo único peor que madrugar el domingo después de una fiesta para ir a cuidar un par de horas a tu abuelo dormido en un hospital, es enterarte que se descompuso el calentador cuando ya estás titiritando de frío y de resaca en el baño, con un pie en la regadera... Mal agüero. Me lavé los dientes, la cara, me comí un plátano y al hospital. Nada nuevo, abuelo aún inconsciente, en un estado de semi-coma. Por lo menos parecía dormir tranquilo. En la espera pronto dejé de sentir los efectos del alcohol y del sueño. A las diez me relevó mi madre y yo pude acudir a la cita semanal con mi padre y mis hermanos. Desayuno bien, baño caliente en su casa y lista para ir a la iglesia de San Judas en metro Hidalgo... extraño destino como paseo dominical, pero mi padre de pronto es devoto y quería una imagen bendita para su nueva oficina. Ahí vamos mi hermana Milena, mi hermano Eugenio, mi padre y yo. Llegamos casi al final de la misa de mediodía y me sorprendió la cantidad de gente que abarrotaba la iglesia. Aquello parecía concierto gratuito en el zócalo o la estación de metro Zócalo en sábado a cualquier hora. Compramos imágenes y veladoras y la seño vendedora nos recomendó acercarnos al altar antes del final de la misa, cuando bendicen los objetos, misión que parecía imposible. Eugenio y yo, armados de valor, comenzamos el recorrido de la iglesia, desde la entrada hasta el altar. Eugenio, de 11 años, abría camino, porque era más fácil dejar pasar a un niño entre tanta gente. A codazos y compermisos llegamos casi a medio camino cuando supe que sería imposible llegar al altar antes de que acabara la misa, y la muchedumbre nos regresara a la entrada. Y entonces, de la nada se formó una fila de personas que, como nosotros, llevaban las manos llenas de imágenes, figuritas, velas e inciensos. Ya la hicimos, pensé, esta es la fila para bendición de objetos, y de pronto avanzábamos sin problemas hacia primera fila. Eugenio iba por delante y yo le susurraba: cuando llegues, extiendes los objetos para que los rocíen con el agua bendita... En el último momento, pésimo momento, me di cuenta de que era la fila para comulgar, y recordé de pronto el año que Eugenio lleva preparando a intervalos su primera comunión, tomando catecismo, haciendo planes, imaginando el contacto con la hostia sagrada por primera vez. Sólo acerté a decirle quedito 'abre la boca' cuando llegó ante al sacerdote, y fue todo. La ilusión místico-religiosa de un niño de once años terminó abruptamente por la torpeza de su hermana mayor a la que no se le ocurrió sacarlo de la fila. Su primera comunión había pasado. Enfin, bendijeron los objetos, nos reímos de lo ocurrido y acordamos no decirle nada a su madre que podría no tomarlo tan a la ligera... Después, un recorrido por el panteón de San Felipe, recomendable para buscar nombres extraños y héroes de la patria y una breve pero positiva visita a la exposición temporal de pintura europea del Museo de San Carlos. Decidimos ir a comer a Boca del Río, ya que nuestro día estaba en Santa María la Ribera. Para no complicarnos, dejamos mi vocho en un estacionamiento público. Le pregunté al don ¿tengo que dejarle las llaves? Sí, respondió, déjelas en su coche. Yo obediente, metí la llave en el contacto y cerré el coche. Con seguro. Carajo. Otra vez me di cuenta al último momento, pésimo momento. No hay problema, llamo a la AMA y lo resuelven enseguida. Comimos, llamamos a la AMA, esperamos. Una hora, sentados en el estacionamiento. Llega el joven cerrajero, caminando. No sabía a lo que venía, no trae herramienta. Nos volvemos a sentar a esperar la herramienta, media hora, una hora. Llega la herramienta. Nos abren el vocho. Le doy 20 pesos y agradezco. Milena se encuentra un pajarito tirado en el piso justo antes de irnos. Parece que está herido o enfermo. Decide llevárselo para intentar salvarlo. Acalorados y cansados vamos de vuelta a casa por un café; ya en la cafetería intentamos darle pan al pajarito y se revuelve como diciendo que no, y de pronto muere. Extraño acontecimiento, la muerte de un pajarito callejero. Casi las 8 de la noche, me despido y me regreso a mi casa. Llego cansada y con ganas de contar en mi blog el día largo y lleno de tontería que he vivido. Una porra y un abrazo a quien haya leído esta entrada, igual de boba y larga como mi día. Saludos.

14 de septiembre de 2008

Fotografías del evento

Por fin, algunas fotos de la exposición Un Lugar Propio, en la Galería Autónoma, ENAP. Para los que no pudieron ir, espero por lo menos sus comentarios...

Texto de sala

Yo, entre emocionada y nerviosa

Mi taller, 127, en la exposición.

Visitantes

Tres buenas piezas

Una de las piezas vendidas

Uno de mis favoritos

8 de septiembre de 2008

good news, bad news

He tenido semanas de intenso trabajo con la exposición, el reinicio de actividades en el taller y también de las clases Niños T. Pero han sido buenas y alegres semanas, con buenos resultados.
Ahora se acercan días difíciles. Ayer domingo internamos a mi abuelo de urgencia, por un derrame cerebral hemorrágico progresivo. Lo que quiere decir es que su situación es grave y todos los doctores aseguran que no se recuperará. Está en un coma profundo, y cuando pude finalmente estar con él, me asombró lo diferente que luce. Tuve que buscar cerca de su cama una plaquita con su nombre para asegurarme que no me había equivocado de enfermo. Cambió la forma de sus ojos cerrados, de su nariz, de sus cejas. No le reconocí ni la cabeza ni la barba. Ni siquiera las manos son las mismas. Cuánto cambia el cuerpo de un enfermo cuando se acerca a la muerte. Apenas el viernes comí con él y lucía viejo y enfermo, pero vivo. Se parecía a él mismo. No como ahora. Aún así, junto a su cama le tomé la mano y canté y leí poesía y recé. No pareció responder a nada pero su cuerpo era caliente y el tacto de su mano era el mismo que siempre. Es un viejo fuerte y necio, mi abuelo, y creo que se irá cuando quiera irse, no antes. Así ha sido siempre. De todos modos, creo que ya se quería morir desde hacía tiempo. El mundo ya le era ajeno.
Pongo ahora una foto suya, que nos tomaron el viernes.
Se quiere a este viejito jijo.