14 de agosto de 2010
La vida, esa Bitch
Estoy cansada.
El último mes y medio ha sido terriblemente pesado. El 16 de junio me separé de C. Después de haber sido mujer felizmente casada durante 10 meses exactos, nos separamos. Y bueno, no era tan feliz casada. Da igual, en ningun lado he sido muy feliz más de un par de meses. Sin embargo, había llenado mi cubeta de ilusiones y sueños. Reality hits hard. De pronto, sin casa propia, sin refugio. Sin poder pintar, sin entender lo que pasó, sin poder parar de llorar días y días. Al principio sólo pensaba en vivir sola, en un depa propio y largar a todos al demonio. Como si fuera salvavidas, me aferré a esa idea obsesivamente, y me mantuvo a flote. Busqué el departamento ideal entre lugares feos, oscuros, peligrosos, pequeños, con el clóset en la sala, o 25 cucarachas en la cocina, o las paredes color bermellón. Ninguno me acomodaba, mi idea-salvavidas comenzó a desinflarse y el agua comenzó a cubrirme. A las dos semanas de iniciar mi búsqueda encontré un buen lugar. Cuando llevé los papeles a la inmobiliaria me avisaron que esa mañana un doctor había entregado sus papeles, y que si su expediente estaba bien, el departamento sería para él. Estuvo bien, por supuesto, y el doctor firmó contrato a la semana siguiente. En la semana número 4 encontré otro depa: llevé papeles y fui rechazada. Me dejé caer y comencé a hundirme en las arenas movedizas de la depresión. No quería salir de la cama, no quería ver a nadie, sentía que había fracasado de manera rotunda. Comencé a creer que no encontraría departamento, que perdería el trabajo, que no tenía amigos ni salvación. Ante la inminente caída en picada, llamé a Graciela y volví a terapia. No me sentí mejor, volver a terapia también era un fracaso. Además, hablar de C. era increíblemente doloroso.
Me habría quedado a vivir en la cama si no fuera porque mi papá me invitó a la playa. Fui porque me daba igual estar en cualquier lado, de todos modos me cubría una nube de tristeza. Un día antes de salir, me llaman de la inmobiliaria para avisarme que el doctor que me había ganado el departamento hacía dos semanas, acababa de ser transferido a provincia, y que si yo todavía estaba interesada, el depa era mío. Mi búsqueda había terminado de una forma inesperada. Yo no lo podía creer, ni contenta me puse. Algo saldrá mal, pensé y con todo y dudas, fijé fecha para firmar contrato al volver de la playa.
En la playa el recuerdo de C. fue insoportable, pero más esporádico. Al volver al D.F. comencé a pisar firme. Planear la mudanza, firmar el contrato, hacer listas de lo que necesitaría para empezar a vivir sola me dieron sentido de realidad. Poco a poco me fui alegrando de tener un espacio propio. Al día siguiente de haberme mudado, cuando la vida me sonreía un poquito más que en el último mes, cené sola con mi papá. Suena mi celular y contesto pero no oigo nada. ¿Por qué no te sales?, me recomienda mi papá y me salgo a la calle para mejorar la recepción.
-¿Bueno?
-Sí, ¿Liliana?
-Sí, ella habla.
-Soy L. R., la organizadora de la Bienal Gómez Palacio.
Chin, pensé, algo le pasó a mi cuadro. A principios de junio había participado en la convocatoria de la Bienal y cuando acababa de dejar a C. me avisaron que una obra había sido seleccionada. Con mucha alegría, la envié a Gómez para la exposición.
-Hola L, ¿cómo estás? ¿qué pasó?
-Liliana, te llamo para darte la noticia de que ganaste la Bienal.
-¿Qué?
-Que ganaste la Bienal.
-(Unos momentos de silencio) Esta es una broma, ¿verdad? – Las manos me empiezan a temblar incontrolablemente. Escucho cómo se ríe.
-No, Liliana, no es una broma. Estamos aquí reunidos con los miembros del jurado, a todos nos da mucho gusto avisarte que tu pintura ganó la Bienal. – Las manos me tiemblan aún más, la voz se me corta.
-Pe..perdón, pero… no.. no entiendo, ¿es en serio?... ¿No es una broma?
(…)
Cuando vuelvo a la mesa, tengo que hacer un esfuerzo para dejar de temblar. Con un hilo de voz le digo a mi papá: no lo vas a creer, yo no lo creo, me llamaron de la Bienal, que gané el primer premio. Mi papá se ríe y da palmadas en la mesa, y sale del restaurante para llamar a Milena y platicarle. Mientras tanto, yo estoy llorando y no paro de temblar. No lo puedo creer, seguro es una broma, algo está mal, no puede ser.
En estado de shock le aviso a mi mamá, hago planes para salir al día siguiente a Gómez para la inauguración, me levanto temprano y Milena me lleva al aeropuerto. En estado de shock me subo al avión, escribo unas palabras de agradecimiento para esa noche, y paso toda la tarde como alelada. En estado de shock contesto por teléfono una entrevista para el periódico el Siglo de Durango. El shock se me quita esa noche, cuando me dan el cheque y me toman fotos y todo el mundo me felicita y quieren conocerme y hablar conmigo. Me piden mi mail, me piden mi opinión sobre la exposición, me preguntan qué quiere decir mi pintura. Se asombran de que sea tan joven y me dicen que soy una promesa del arte. Brillo. Me olvido de C., de la tristeza y en esos momentos largo todo al demonio. Estoy realmente sorprendida: nunca esperé ganar.
Vuelvo de Gómez y tengo ganas de dormir una semana entera en mi nuevo departamento. C. todavía me hace falta, mucha falta. El corazón aun me duele, pero el 90% de mi angustia se ha ido, y las ganas de pintar y ponerme a trabajar son más fuertes que nunca. La motivación está presente, y la seguridad económica también. Como C. solía decirme: China, deja de quejarte y ponte a trabajar.
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