Hasta ahora había mantenido silencio acerca de la difícil cadena de eventos inesperados que se apretujaron en unos cuantos meses del año pasado. Como ustedes saben, tuve un verano increíble de viajera, incluso hice algunos posts al respecto. El avión de Madrid me trajo a la realidad el martes 1 de septiembre, a las 7 de la tarde. No me imaginaba yo cuánto cambiaría todo para mí en el mes siguiente.
No. 1: la despedida de Milena.

Se despidió de nosotros toda la primera semana de septiembre y su avión despegó el martes 8 de septiembre, a las 12 del día. Mi hermana pequeña, Milena, se fue a hacer maestría y doctorado a la Universidad de Chicago, del 2009 al 2014. Cinco años de ausencia.
Yo sabía que se iba en septiembre y ella sabía que yo estaría de viaje en verano, así que recorrió su boleto de ida para que pudiéramos encontrarnos una semana, antes de separarnos por más tiempo.

It was sad and weird, at the same time it was great (for her) and we were happy. But we all knew we would miss her like crazy. And when I say "all" I mean everybody, all my sister's friends, our family, all her acquaintances here, in Mexico, her country so-far. Now, she's happy and free and a foreigner in a new place, with a new life, and new friends. Still, we miss her.
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No. 2 La búsqueda de casa:
Regresé el martes 1 de septiembre a una casa con dos ocupantes: mi mamá y mi abuela. Mi abuela vivía con nosotros desde hacía 4 meses, pero aún sin acomodarse bien por una sencilla razón: no había cuartos suficientes. Había tres: la oficina de mi mamá, su cuarto (compartido con mi abuela) y el mío. Después del mes y medio de viaje, pude ver claramente que no estábamos a gusto amontonadas así. Mi mamá y mi abuela casi se sacaban los ojos cada mañana, de modo que la primera decisión fue irme al departamento compartido que Milena dejaba y ocupar un cuarto. La segunda decisión, tomada pocas horas después, fue rentar un departamento con C., después de apenas 5 meses de noviazgo -con una separación intermedia de mes y medio, por el viaje-. Una decisión que se vio presionada por la situación externa, pero que extrañamente se sentía bien y libre.
Así comenzamos la búsqueda de departamento, topándonos con los especímenes más extraños, que comparto con ustedes.
Uno de los primeros, en la colonia Portales, fue el departamento octogonal:

Todas las habitaciones de ese departamento eran octogonales, de modo que no se podía ubicar una cama, a menos de que la cabecera quedara esquinada:

El departamento, además, se ubicaba un poco más abajo que la planta baja, de modo que media ventana estaba tapado por el nivel del piso.
Otro que vimos poco después, fue el departamento al borde del precipicio.
Aquí está C., en la calle aledaña al departamento. Un tropezón en las escaleras que aparecen en la foto, podía resultar en caída libre unos 40 metros. Era una calle tan empinada como sólo he visto en Taxco... y en Xochimilco, cerca de la ENAP.
De ese departamento desgraciadamente no tengo fotos, pero era una joya. También estaba en planta baja y como la calle era tan empinada, tenía en las paredes las marcas de agua, en temporada de lluvias. Se inundaba alrededor de 30 centímetros.
Y, buscando buscando, finalmente encontramos el lugar perfecto. Yo ya comenzaba a desmoralizarme, pensando que nunca encontraríamos un buen lugar con nuestro presupuesto, cuando, en la colonia Nonoalco Mixcoac, entre las calles con nombres de pintores, surgió esta pequeña vecindad vieja remodelada:

Esta es la entrada de la calle. Este pasillo está entre grandes casas. La vecindad está así aislada de la calle por unos 20 metros y por lo mismo es tranquila y silenciosa. No se oye más que los aviones.
Desde que vi los pasillos que conectan los diferentes departamentos me enamoré del lugar y me encantó su estilo. Pero cuando abrieron la puerta del departamento número 13 para que lo viéramos, supe que ahí quería vivir y pintar, con C.
Espacios amplios, recién pintados de blanco. Techos altos, piso viejo y padre. Cocina perfect-size para una pareja que nunca antes había cocinado en serio. También blanca, todo blanco cual paloma. En ese momento comenzó a invadirme una emoción de recién casada que aún no se me quita del todo, y que nunca pensé que experimentaría.
Al salir del departamento ya no me quería ir. Tenía ganas de hacer la mudanza ese mismo viernes. En lugar de eso, nos mudamos el martes 15 de septiembre, aprovechando que todo el DF estaría distraído en las fiestas patrias.
De modo que, en 3 martes cambió el mundo para mí. El primero volví de viaje, el segundo se fue Milena y el tercero, me mudé con mi chico.
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Para no acabar esta entrada así, dramáticamente, les comparto esta foto del Ángel de la Independencia morado, de noche.

THE END.
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