
Ayer por la tarde pinté un pequeño retrato de O. y cual niña emocionada en el kinder, corrí a enseñárselo. Lo vi saliendo de su trabajo y ya que andábamos por ahí, me invitó a acompañarlo a ver a su amigo P. Nos fuimos a Sanborns donde cené molletes con café (sí, sí, tantos años y yo sigo pidiendo el menú estudiante...).
A mitad de la cena, de nuevo cual niña mimada de kinder, me sumí en un silencio compacto y excluyente, cuya procedencia ignoraba en ese momento. Me dio pena con O., me dio pena con P., pero no podía evitarlo. Dibujé frenética y silenciosamente el resto de la cena.
En cuanto salimos y nos despedimos de P., rompí a llorar intensamente (creo que más bien yo debería seguir en el kinder...) O. intentaba tranquilizarme y me abrazaba en silencio. Hoy amanecí con los ojos hinchados. Creo que se aproxima peligrosamente el día de las madres.

1 comentario:
A mí todos los días festivos que impliquen interacción social con ciertos mandos de poder me aterra, el día de las madres no puede menos que dejarme frío.
Oh, gracias por la foto de mi pieza, ora que me acuerdo ni le he sacado fotos y se supone que está hasta el viernes, chin, qué mal.
Saludos y a ver cuándo enseña el retrato del vago haragán de su novio. Yo le hice uno hace años, era algo así como mi modelo de base para todo. (Pregúntale).
Bye Bye!!!
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