10 de mayo de 2008
8:50
Son las ocho de la noche con cincuenta minutos. Estoy en el comedor de mi casa, fumando un cigarro, sufriendo el calor y esperando a Sol. Se supone que viene en camino para tomarnos una cerveza fría y platicar. No es ni siquiera una reunión, pero me alegra verla. Sobre todo después de una semana difícil como ésta, de llantos, cansancio y extraños momentos con O. Por lo menos ya está terminando el día. No saben cómo me alegro, sobreviví un día de las madres más sin que se nos cayera el teatrito...
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